Sumideros de dióxido de carbono

En los artículos sobre “La Venganza de la Tierra“, de James Lovelock, comentamos y seguiremos comentando que uno de los generadores de cambio climático es el incremento excesivo de niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, tendencia que se ha ido acelerando desde la era industrial.

Están ocurriendo una serie de respuestas positivas en los sistemas que afectan al clima, entendiendo como respuesta positiva aquella que provoca por sí misma una potenciación de la misma respuesta. Entre estas encontramos por ejemplo el aumento de temperatura, que provoca un deshielo y la disminución del albedo (o la reflexión de los rayos solares), esta disminución de albedo provoca un calentamiento de la superficie de la tierra y más deshielo (hablaremos de estos efectos en otro capítulo próximo de La Venganza de la Tierra).

Pues bién, ante esta serie de respuestas positivas, también se ha encontrado alguna respuesta negativa, la denominada “absorción de las rocas“. El clima desgasta las rocas, la lluvia erosiona el paisaje. El dióxido de carbono que lleva disuelto el agua de lluvia reacciona con las rocas para formar bicarbonato cálcico soluble en agua. Los ríos llevan esta solución hasta el océano. Se pensaba que este sumidero era púramente químico, pero hoy se sabe que la presencia de organismos en las rocas (microrganismos y macrorganismos) favorecen este fenómeno, por tanto, eliminación de dióxido de carbono. Otro mecanismo de autorregulación de Gaia.

Existe cierta variante en la relación antes explicada, y que tenemos cerca de casa, es la de la formación de los travertinos (un día les dedicaré un artículo). El travertino no es más que una formación mineral producida por la precipitación de compuestos calcáreos disueltos en el agua. El dióxido de carbono del aire disuelto en el agua de lluvia, pasa a los medios acuáticos (torrentes, ríos, lagos,…) este dióxido de carbono puede permanecer disuelto como tal, ser absorbido por los organismos acuáticos o reaccionar formando iones carbonato y bicarbonato. Estos iones pueden seguir curso abajo en los ríos e ir a los océanos, o si las condiciones son favorables, precipitar en forma de rocas, formando los travertinos.

Para esta precipitación, los organismos que forman su superficie son importantes, pero también las condiciones del curso en donde se forman (de nuevo el medio y los organismos interrelacionados). El resultado es la formación de estructuras rocosas en el cauce, con diferentes formas, tanto minerales como de los organismos que han favorecido su aparición.

Y como resultado, un secuestro y mineralización del dióxido de carbono.

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